El Ministro de Seguridad no logra
hacer pie en la provincia de Buenos Aires. Tras el papelón de la triple fuga y
los cambios en la cúpula, ni siquiera los intendentes se sienten seguros bajo
su gestión.
La versión corrió como reguero de
pólvora y no tardó en encontrar respaldos oficiales: el asalto contra la
familia del Intendente de La Plata, Julio Garro, podría tener ribetes mafiosos
y es considerado por propios y extraños como un “apriete” contra el Jefe
Comunal, de parte de la Bonaerense, que no es el primero que mira con resquemor
a la fuerza de seguridad provincial.
En esta parte de la trama entra a
tallar la figura del ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, un hombre
pragmático y con territorio que calzó como anillo al dedo ni bien comenzó la
danza de nombres para suceder a Alejandro Granados.
Sin embargo, el funcionario
arrancó a los tumbos la gestión. A menos de dos semanas de calzarse el traje,
enfrentó el escándalo de la triple fuga de Alvear cuando los hermanos Lanatta y
Víctor Schilacchi se fugaron y atravesaron media provincia antes de perderse en
Santa Fe, lo cual motivó el descabezamiento de la fuerza.
Una parte menos conocida de la
gestión de Ritondo es lo que viene pasando con los intendentes. En Necochea,
Facundo López le tuvo que dar un ultimátum al Jefe Departamental Fabián Blanco
luego de una sugestiva ola delictiva que el mandamás necochense decodificó como
un intento de apriete.
En Olavarría hubo una ola de
sugestivos robos cerca de la propiedad del intendente Ezequiel Galli. El
mensaje no se terminó de decodificar, ¿fueron aprietes contra el Intendente o
el propio Jefe Comunal buscando una excusa para reforzar la seguridad en su
barrio? No quedó claro.
En Magdalena, el radical Gonzalo
Peluso tuvo una situación similar. En Nochebuena, funcionarios de su gestión
fueron asaltados en sus hogares. “Tengo nueve funcionarios, le robaron a dos y
casi hacen lo mismo en la casa de mi hermana”, se quejó el Jefe Comunal a fines
de 2015. No faltó quien vinculara esos hechos a la posición de “tolerancia
cero” de su administración a las “coimas” y los “kiosquitos” de la Policía.
Pero hay más: la propia Maria Eugenia
Vidal acaba de reconocer que dejará la casa que históricamente habitó en
Castelar, Partido de Morón, para afincarse en una vivienda del barrio militar
de la Base Aérea de Morón. La noticia se conoce hace tiempo, aunque la
Gobernadora lo confirmó en las últimas horas. La decisión está vinculada a la
necesidad de seguridad y justificada por la más alta exposición, aunque queda
claro que el perfil no era bajo cuando ocupaba la Vicejefatura de Gobierno
porteño, con lo cual el argumento pierde casi toda su fuerza.
El asalto a la familia de Garro,
del que el intendente se enteró por un llamado de su propia esposa, viene a ser
el corolario de una situación que, si bien tiene componentes heredados, nunca
había llegado tan lejos. Tal es así que en el Gobierno de Vidal no faltan
quienes agradecen la escalada del dólar y al rebrote inflacionario no tener que
estar hablando de la Seguridad en la Provincia.

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