El FpV mostró límites problemas
para conseguir aliados. Gioja y Bossio, los más desdibujados.
“Un cambio de época”, coincidían
esta tarde en definir la sesión de Diputados los referentes de Cambiemos y del
massismo, artífices del fracaso en la sesión especial convocada por el Frente
para la Victoria para sancionar la ley antidespidos tal como llegó del Senado.
La imagen de resignación Teresa
García, histórica secretaria parlamentaria del FpV; las bromas de Diana Conti
por una derrota anunciada y la resignación de Máximo Kirchner regalaban una
foto desconocida.
“Hay un saldo positivo: tenemos
79 diputados y sentamos más de 100”, intentaban consolarse algunos
kirchneristas en la reunión de bloque, que tuvo más de 3 horas de catarsis y
una aceptación generalizada, a veces tácita y otras no tanto, de que ya no
pueden liderar una sesión cuando se les de la gana.
Hay un saldo positivo, tenemos 79
diputados y sentamos más de 100, intentaban resignarse en el bloque
kirchnerista tras tres horas de catarsis, conscientes que se terminó la época
en que podían liderar una sesión cuando se les diera la gana.
Los más
racionales no confiaban en la táctica de emparentar a Massa por los despidos
que se vengan, eclipsada por el propio líder del Frente Renovador al lograr que
Emilio Monzó difundiera temprano un plan de labor para la sesión del próximo
miércoles, con la ley antidespidos como tema principal.
Massa, por si fuera poco, los
acorraló para el miércoles. Es que si le dictamen del FpV es rechazado y el de
Cambiemos también, recién en el último turno se tratará el del Frente Renovador
y no hay kirchnerista que se anime a aventurar un voto en contra que entierre
por siempre la ley antidespidos.
Tal era la desesperación de sólo
imaginar ese momento que Axel Kicillof, en plena reunión de bloque, se puso a
leer el dictamen del Frente Renovador. No le gustó.
El mayor dolor en el FpV es que
casi todos los bloques opositores evitaron ser arrastrados por ellos, aun
cuando se trata de una causa que la mayoría comparte.
El caso más evidente fue el de
los cuatro diputados del Partido Socialista, que cuando vio que el FpV y el
massismo iban en sentidos opuestos, se quedó detrás de las cortinas y se
negaron a ingresar. "Cuando los peronistas están en medio de una interna,
hay que darles su tiempo hasta que se acomoden", explicaban filosóficos
los socialistas.
Si idea, como la de muchos otros
que comparten la idea de la ley antidespidos, era esperar a que los
kirchneristas se acercaran a los 129 del quórum para recién ahí sumarse. Pero
el kirchnerismo también fracasó en ese plan y se ancló en 102, con un techo de
108 según las cuentas más optimistas, que sumaban a los distraídos que entraron
tarde. No siempre esas demoras son inocentes.
El cambio de época más evidente
fue que casi todos los bloques opositores y buena parte de los aliados
provinciales, prefirieron que se caiga la sesión, antes que aparecer
arrastrados por el kirchnerismo.
Los bloques provinciales le
dieron la espalda a los K y algunos se permitieron cierto destrato como los 6
del Frente Cívico de Santiago.
Uno de ellos, Manuel Juárez,
firmó el dictamen del FpV ayer hoy se asomó solo y ni se sentó. Neuquinos,
cordobeses, chubutenses y puntanos dejaron claro que sólo atienden el teléfono
de los gobiernos de turno.
Los únicos que no parecen
incómodos mezclándose con los K son los 4 de la izquierda, aunque Néstor
Pitrola trata siempre de diferenciarse. No así Miriam Bregman, del PTS,
predispuesta a firmar cualquier proyecto o pedido de sesión del FpV.
Con su presencia, el bloque
peronista liderado por Bossio y creado con diputados emigrados en enero del
kirchnerismo, dejó una imagen endeble, sin escenario político. Desde el octavo
piso del anexo C, los diputados massistas no entendían porqué Bossio no sólo se
plegó a la estrategia del kirchnerismo sino que hasta ingresó con ellos al
recinto. Massa intentó sumarlo a una negociación la semana pasada, pero el ex
Anses se resistió.
La ausencia del sindicalismo en
las gradas y afuera del Palacio del Congreso desconcertó al kirchnerismo y sus
aliados del bloque justicialista tal vez más que la falta de quórum, porque
poder posicionarse como enlace con los gremios los dejaba mejor parado en una
renovación peronista. La oportunidad era hoy y los sindicatos le dieron la
espalda.
No fue casual. Acaso el principal
trabajo político de Massa fue desactivar esa posibilidad explicando que era la
mejor oportunidad para marcarle la cancha al kirchnerismo y el próximo
miércoles ya sin el liderazgo del Frente para la Victoria, sacar la ley.
Hugo Moyano aceptó que su hijo y
el camionero Jorge Taboada no dieran quórum y fueran a todo o nada el
miércoles. De nada sirvieron los contactos que aún tiene Héctor Recalde con los
gremios moyanistas.
Gioja, flamante presidente del
PJ, se metió a fondo a buscar el quórum y su rol fue triste, ni siquiera pudo
convencer a sus amigos puntanos de darse una vuelta por la Cámara.
Cansado de que lo vinculen con el
kirchnerismo, Pablo Michelli, de la CTA disidente, habló con Massa y se
comprometió a no protestar.
Tampoco se oyó a los dos jefes de
centrales sindicales kirchneristas hasta el 10 de diciembre: Hugo Yasky (CTA) y
el metalúrgico Antonio Caló, que la semana pasada rodeó el Congreso con sus
militantes y hoy ni siquiera se fue a ver la sesión al palco.
“Entendíamos que era un discusión
parlamentaria”, se excusó Abel Furlán, diputado del FpV y dirigente de la UOM.
No conformó mucho a sus pares.
La foto de la sesión trunca dejó
en un plano intrascendente a La Cámpora, que no tuvo ni un diputado buscando
aliados; y mucho más atrás a José Luis Gioja, flamante presidente del Partido
Justicialista.
Gioja se metió ayer a buscar
quórum y su rol fue triste: ni siquiera pudo convencer a sus amigos puntanos de
darse una vuelta por la Cámara. Trajo del brazo a su coterránea Graciela
Caselles. No sirvió de nada.

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